La Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía ha ganado el premio a El Peor (y más machista) Anuncio del Año, un galardón que FACUA-Consumidores en Acción organiza desde 2010. Se trata de una campaña sobre la Covid-19 en la que, con el eslogan Somos equipo, pretendía apoyar a los trabajadores esenciales pero incurrió en mostrar a una mujer en situación de inferioridad respecto de un hombre.

Estos premios son elegidos por socios y simpatizantes de FACUA a través de la web FACUA.org/peorempresa. El 37,2% de los 7.673 participantes en esta edición se han decantado por el anuncio de la Junta de Andalucía. Junto a él estaban nominadas campañas de la marca de calzado Gioseppo, que ha quedado en segundo lugar con el 28,1% de los votos, el centro comercial Príncipe Pío de Madrid y la Universidad Internacional de La Rioja (Unir).

Posición de inferioridad

La campaña de la Consejería de Salud y Familias andaluzas mostraba una ilustración en la que una trabajadora sanitaria aparecía en una postura de sumisión con el brazo de un policía rodeándola sobre los hombros, perpetuando el rol de las mujeres en posición de inferioridad y con pautas tradicionalmente marcadas en lo profesional: la mujer para los cuidados, el hombre para la seguridad y la fuerza. En lugar de reconocer el error, la Junta echó la responsabilidad a la ilustradora aficionada que la cedió desinteresadamente.

El año pasado, otra campaña de la Junta de Andalucía también estuvo entre las cuatro nominadas al premio a El Peor (y más Machista) Anuncio de 2019. En esa ocasión fue una campaña contra la violencia de género con fotografías de mujeres sonrientes que no eran víctimas reales, sino modelos sacadas de bancos de imágenes.

Las votaciones se han producido durante 14 días, después de que FACUA diese a conocer a los nominados el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para poner el acento en cómo la publicidad continúa tratándolas en muchos casos como meros objetos, reclamos para vender un producto y transmiten una idea aún estereotipada de lo que es ser mujer, en la que se le atribuyen valores que tienen poco o nada que ver con sus capacidades y mucho con su aspecto físico.

Junto a El Peor Anuncio del Año, FACUA también convoca cada año el premio a La Peor Empresa. En los próximos días dará a conocer la ganadora en esta edición, en la que las nominadas son Endesa, BBVA, Vodafone y Vueling.

El año pasado el ganador del Peor Anuncio fue El Corte Inglés, que acaparó un 30,2% de votos en una publicidad por el día de la madre que decía «97% entregada. 3% egoísmo. 0% quejas. 100% madre». El año anterior su puesto lo ocupó un anuncio del gimnasio sevillano Hammer Fitness, que mostraba la imagen del cuerpo de una mujer en ropa interior para publicitar sus clases.

Las otras campañas publicitarias nominadas a El Peor (y más machista) Anunciode 2020 son:

Las sandalias Gioseppo para niñas presentadas de manera erótica. La marca de zapatos fue denunciada ante el Observatorio de la Imagen de las Mujeres, perteneciente al Instituto de las Mujeres del Ministerio de Igualdad, por mostrar a una niña que calza sus zapatos en una pose y gesto más bien propio de adultos, algo que potencia la peligrosa erotización de la infancia.

 

«Aquí mi mujer y mi hijo son felices mientras mi cartera sufre». Así se publicitaba el centro comercial Príncipe Pío en Madrid, para continuar diciendo «en cualquier caso, siempre es un placer venir». Una bienvenida al centro un tanto machista que muestra una imagen de la mujer retrógrada, colocándola de mantenida y gastona del dinero que el hombre trae a casa con su trabajo. Nada, nada acertada.

 

«Si tu madre no sabe pronunciar a lo que te quieres dedicar, eres un futuro Digital Worker». Parece que la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) sigue con el «humor» en la Edad Media y por eso ve normal el chiste del hijo moderno y la mujer que no sabe nada de tecnología para anunciar uno de sus cursos. Una institución, precisamente, que debería estar alejada de los estereotipos machistas que muestran al género femenino como «incapaz» de usar algo tecnológico. La excusa que pusieron era que querían «reflejar esas anécdotas cotidianas que se producen en torno a los saltos generacionales dentro del seno familiar»